Hace 90 años, el 24 de mayo de 1919, murió el poeta mexicano Amado Nervo, en Montevideo, Uruguay, en donde fungía labores diplomáticas. Amado Nervo, relacionado directamente con el grupo de escritores modernistas, había nacido en Tepic, Nayarit, el 27 de agosto de 1870. Muchas personas pensaban que su nombre era un seudónimo, pues “Amado Nervo” sonaba como todo un poeta, todo un romántico, pero en realidad, ése era el nombre que su padre le puso al acortar apropósito su apellido: Ruiz de Nervo.

Amado Nervo
Hacia la década de 1890, Amado ingresó a un seminario en Michoacán para estudiar ciencia y filosofía, de ahí tal vez el origen de su pensamiento místico y religioso que abordó a lo largo de su vida a través de la poesía.
En esta misma década y tras abandonar sus estudios seminaristas, llegó a la ciudad de México en 1894 en donde de inmediato fue reconocida su buena pluma y se asoció con poetas de la llamada corriente modernista: Manuel Gutiérrez Nájera, Luis G. Urbina, José Juan Tablada, fueron sus compañeros de bohemia, charlas y de época alrededor de la revista Azul, que encabezaba el mismísimo Duque Job (MGN).
Además, Nervo mantuvo desde esos años una relación estrecha con dos de los patriarcas de esta vanguardia literaria netamente americana: con Rubén Darío y con el poeta peruano José Santos Chocano.
A través de sus crónicas y relatos consiguió diversos trabajos en periódicos nacionales cono en El Universal, El Nacional y El Mundo. En los albores del siglo XX fundó junto con el también poeta Chucho T. Valenzuela la famosa Revista Moderna, receptáculo de toda una generación de escritores y artistas de finales del XIX y principios de XX, y heredera exclusiva de la revista Azul.
En 1900 el periódico El Imparcial le ofrece una misión, cubrir la Exposición Universal desarrollada en la ciudad luz: París. Ahí se reencuentra con Darío y conoce al poeta argentino Leopoldo Lugones. Además se encuentra con Oscar Wilde, Catulle Menedés, Moréas, y otros escritores más. Fue ahí cuando conoció a Ana Celia Luisa Daillez, que probablemente fue el amor de su vida y cuya prematura muerte en 1912 le inspiró a escribir uno de sus poemas más entrañables: “La amada inmóvil”.
Su carrera como diplomático inició en 1905, cuando fue nombrado secretario de la embajada de México en Madrid. La revolución mexicana y otros acontecimientos hicieron que este escritor peregrinara entre América y Europa. Pero en 1918 fue nombrado embajador plenipotenciario de México en Argentina y en la Republica Oriental del Uruguay. E inesperadamente a sus 48 años de edad, Amado Nervo murió en la capital de aquel país oriental el 24 de mayo de 1919. Su cuerpo fue traslado a México a través del corbeta “Uruguay”. Dicen los que saben que su cuerpo pasó por varios puertos de América, mientras que llegaba a su destino final en la ciudad de México. Por cierto, el barco que trasladaba sus restos fue escoltado por otras embarcaciones provenientes de países como Cuba, Brasil, Venezuela y Argentina, esto a manera de tributo al poeta.
Sus restos llegaron a la Rotonda de los Hombres Ilustres hasta el 14 de noviembre de ese 1919. Amado Nervo amante de la ciencia y la tragedia, de la plegaria y el amor, del deseo y la pasión.
Hasta luego don Amado
Como todo un bohemio y modernista, la vida y la poesía de Amado estuvo cargada de una tela de misterio. El debate entre la vida y la muerte siempre surcaron su cabeza y sobre todo, la muerte siempre lo acompañó de una manera lenta y sutil. El suicidio de su hermano Luis y la muerte de su amada le marcaron por el resto de vida.
Este aire de misterio fue reconocido por quienes le conocieron. Entre ellos el poeta Carlos Pellicer. En ese mismo 1919 el poeta militante del trópico tenía 21 años y cuando se enteró de la muerte de Nervo se encontraba de intercambio estudiantil en Bogotá. Colombia. Consternado, pues don Amado, como él decía, fue una especie de maestro, además de que charlaron y se saludaron en diversas ocasiones. Desde Colombia, Pellicer le escribe a su madre una carta fechada el 31 de mayo. En la misiva, Carlos recuerda un par de ocasiones en que se encontró con Amado Nervo y además, da a conocer un dato curioso que Pellicer interpreta como el saludo de la muerte hacia Nervo:
Mi amigo adorado, el inmenso poeta y buenísimo hombre Amado Nervo, murió hace cinco días en Montevideo, Uruguay. Su muerte me tenía sumamente abatido. Te juro que yo habría dado mi pobre existencia por retardar la de él algunos años más. Parece que ha muerto alguien de nuestra familia, así está mi corazón de tristeza. Estoy de luto y estaré un mes cuando menos. Nervo tenía 49 años ¿te acuerdas que lo vimos arrodillado en la Basílica de Guadalupe el día en que me llevaste a despedirme de la santísima virgen? Muchas personas han venido a darme el pésame como mexicano que soy y amigo que fui del gran poeta. Aquí ha causado mucho dolor la muerte de Amado Nervo, pues es muy conocida su obra poética y muy admirada, estoy muy triste? ya nunca volveré a estrechar la mano del artista que para mí tuvo atenciones reveladoras de verdadero afecto. En Nueva York pasee con él algunas veces y la última vez que nos vimos al pie del puente de Brooklyn, me despedí de él diciéndole: “¡Hasta pronto don Amado!” Y el me contestó abrazándome: “Usted y yo, hasta siempre”. Parece que algo terrible presentía. Y yo no pude despedirme de él, por la violencia de mi viaje.
Bibliografía y las Obras completas
Entre los libros que Nervo publicó en vida se pueden mencionar. El bachiller, novela de juventud, Perlas negras, poesía, Mística, El éxodo y las flores del camino, Los jardines interiores, Serenidad, Plenitud, Elevasión, En voz baja, Juana de Asbaje (ensayo sobre la obra de Sor Juana Inés de la Cruz).
Después de la muerte de Nervo y en ese mismo 1919, el español José Ruiz Castilla, editor de Biblioteca Nueva, encargó al escritor Alfonso Reyes realizar una tarea monumental: recopilar todos los textos del poeta nayarita para editar las Obras completas de Amado Nervo. La noticia emocionó de inmediato a Reyes quien algunos años antes había escrito un artículo sobre el poeta modernista titulado “Las serenidad de Amado Nervo”, además de que lo había conocido personalmente.
Tarea complicada, pero Alfonso Reyes echó manos a la obra. Alfonso, quien se había autoexiliado en Europa desde 1913, comenzó la labor de recoger los textos de Nervo que se encontraban principalmente en Madrid. Él mismo le escribió a su gran amigo, Genaro Estrada, para que le ayudara a recolectar los materiales para la empresa, y así lo hizo también con sus conocidos en toda América. Al final salieron 29 tomos con las obras de Amado Nervo y editados bajo la Biblioteca Nueva. Entre éstos se encuentra el tomo dedicado a “La amada inmóvil”, texto escrito en memoria de Ana Cecilia Luisa Daillez. Años más tarde, ya en la década de 1930, Alfonso Méndez Plancarte concluyó la tarea emprendida por Reyes, y fue editado el tomo XXX que incluía poesía y cuentos inéditos de don Amado, esto por ediciones Botas.
Amado desatándonos los nudos de la vida
El Nudo
Apretado era el nudo
apenas si al mirar atentamente
se advertía el camino
de las diversas cintas
entrelazadas en estrecho abrazo
(como si en su inconsciencia se adoraran)
Y formando una sola
Protuberancia, que, maciza y fuerte,
Desafiaba mis dedos.
Apretado era el nudo,
y yo estaba anheloso
de saber lo que, envuelto
en el blanco papel sujetaba,
podría contenerse.
Apretado era el nudo y grande, grande,
La tentación de hacer lo que Alejandro
Hizo con el Gordius, rey de Frigia.
Apretado era el nudo;
Pero no lo corté. Pacientemente
Con los índices ágiles
Y los chatos pulgares, lo deshice,
Después de largo tiempo de faena.
Y quedé satisfecho de mí mismo
y me dije: no más he de cortar
los nudos, por difíciles que sean
de desatarse, cuidadosamente,
hábilmente, serenamente, puestas
en ello la atención y la paciencia,
habré de deshacerlos.
Jamás los filos rudos
de mis tijeras forzarán la unida
red de cintas.
Jamás cortaré nudos,
por estrechos que sean en la vida.
[Carta de Carlos Pellicer a Deifilia Cámara de Pellicer tomada de la revista literaria Palestra, no. 9-10, año 3, 2007. Esta carta se encuentra en el archivo Carlos Pellicer que resguarda la Biblioteca Nacional].
[Poema "El nudo" tomado del tomó XI de las Obras completas de Amado Nervo "Serenidad"].
FUENTE: Noticias 22







