Comenzó la Feria del Libro de Madrid y junto con las filas de público y las presentaciones musicales de autores tan famosos Ken Follet, aparecen detalles del Indice Nielsen, que ha provocado que escritores requieran a sus editoriales el pago por los derechos de autor en función a los números de ventas reales que arrojan estas auditorías de la industria editorial. Medios de prensa españoles han considerado que la feria “ha desatado la tormenta en el sector editorial”

Informes Nielsen llegan al sector editorial
La empresa Nielsen ofrece a las editoriales desde hace tiempo auditorías de ventas reales, aunque estos números raras veces trascienden a los escritores o a la prensa.
El sector calculaba las ventas, generalmente, por estimaciones basadas en tiradas o en la facturación. Sin embargo, con el Indice Nielsen, obtienen números reales de acuerdo a las encuestas de ventas que realiza la compañía entre librerías y otros puntos de venta en grandes superficies.
Nielsen realiza una estimación basándose en los resultados que obtiene de una muestra de entre 100 y 120 puntos de ventas. Con ello consigue información del 80 por ciento del mercado real. Las cifras son clasificadas por editoriales, géneros, títulos, autores… y enviadas de forma semanal a sus clientes.
«Históricamente ha existido un cierto pudor a facilitar las cifras exactas de ventas y, de puertas para afuera, siempre se ha tendido a inflarlas», explicó recientemente un gran editor de una importante editorial. Ese hermetismo ha favorecido la difusión de leyendas urbanas de editores que engañan a autores o que abultan las ventas para generar el «efecto llamada».
Los informes son motivo de tensión entre los grandes editores y pasan de escritorio a escritorio para ser analizados, ya que los mismos, de acuerdo con el director de mercadeo de la editorial RBA “aportan una fotografía detallada del comportamiento del mercado”.
Para otros, los informes tienen como resultado la clonación, ya que por aparecer en el top ten del índice, los editores se mantienen dentro de las zonas cómodas y no apuestan a nuevos autores.
«Los directivos de las grandes editoriales quieren obtener resultados y tienden al conservadurismo. Prefieren poner su dinero en cosas que ya están funcionando», explicó una fuente de la gran editorial al periódico ABC. De este modo, amparándose en los títulos que funcionan se tiende a hacer más de lo mismo. « Un claro ejemplo es el «efecto Larsson» -continúa-. Todos estamos a la caza y captura de novelas negras y si son nórdicas, mejor». No es de extrañar ya que las ventas de ese género se han incrementado un 80 por ciento, debido fundamentalmente a la trilogía «Millenium» de Stieg Larsson, a la que se ha unido recientemente «La mujer de verde», de Arnaldur Indridason. En el género del terror ocurre algo parecido con Stephenie Meyer y su saga «Crepúsculo».








