El escritor Manuel Vilas, que fue recibido entusiastamente por la prensa y la crítica cuando publicó su novela España, regresa a las estanterías con su más reciente novela Aire nuestro (Alfaguara 2009), en la que hace un despliegue de su particular imaginario y sumerge al lector en un hipotético canal de televisión futurista que transmite historias reales, que a su vez, con producto de la imaginación del autor.
Con Aire nuestro, Vilas intenta “transformar la complejidad de la realidad de nuestro presente histórico en estrategias narrativas complejas. Cuando narro el regreso de Elvis Presley a la vida, es como si quisiera hacer real un sueño de miles de fans de Elvis Presley a lo largo de estos últimos cuarenta años. Es decir: narro el inconsciente colectivo de nuestro tiempo. Pero también narro las complejas circunstancias económicas latinoamericanas. Me interesa mucho Latinoamérica y su laberinto económico y cultural. Por ejemplo: narro el regreso de Pablo Neruda, convertido en un nuevo líder libertario.”
Por eso, entre la programación que el autor ofrece, se encuentran celebridades de la talla de Johnny Cash (recorriendo España con un chofer español a quien le enseña sus órganos íntimos como muestra de confianza), un escritor ciego que entabla amistad con la madre del guitarrista Frank Zappa, Lou Reed o el poeta Pablo Neruda, El Rey Juan Carlos o el director de espagueti westerns Sergio Leone, Allen Ginsberg, Bob Dylan, el fantasma de Stalin y el del mismo Elvis Presley.
Milas cuenta que prefiere utilizar personajes de la vida real. “Me di cuenta de que la mayoría de los grandes personajes del siglo XX eran más interesantes que cualquier personaje de ficción que pueda inventarse hoy. La complejidad de la realidad devoró a la inocencia de la ficción. Existiendo Elvis Presley, John Lennon o el Che Guevara, para qué inventar a nadie. En el siglo XVII sí tenía sentido soñar un Hamlet o un Don Quijote, y en el XIX inventar una Anna Karenina, pero en 2009 todo ha cambiado. Hay complejidades nuevas, yo intento acercarme a esa nueva complejidad de la relación entre ficción y realidad”.
Estos personajes siembran críticas y reflexiones penetrantes sobre una buena cantidad de pasajes de esta historia, de este relato de ciencia-no-ficción, de experimento literario, de fantasía probable.
A través de esta novela y de este canal de televisión, que transmite desde teleterrorismo hasta fútbol inteligente, Milas desmonta el inconsciente colectivo pop de cada uno de nosotros –partiendo por el de sí mismo- y lo vuelve a montar a su antojo, mostrándonos las hebras, los materiales con que está hecha la realidad real.
“Si la materia es televisable, existe. Creemos en esa gente que elige estar en la pantalla antes que en la realidad”, propone a modo de declaración de principios, de postulado moral de la cadena de televisión que nos propone en este original libro, que entrecruza géneros y corrientes, que camina por rieles invisibles –o imperceptibles a simple vista- pero sólidos, tan firmes como la sensación que todos tenemos de no ser ni estar compuestos solamente de aquello nos ha ocurrido en la vida, sino además de todo lo que podría, y que por una u otra razón, no nos ocurrió finalmente y ya no fuimos. La materia de los deseos.






