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	<title>Revista Literaria Libro a Libro &#187; Reseñas</title>
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		<title>Sexpolitik</title>
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		<pubDate>Sun, 29 Aug 2010 00:11:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Redacción</dc:creator>
				<category><![CDATA[Reseñas]]></category>

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		<description><![CDATA[Una buena novela no dilata en exponer su propuesta y La velocidad lo hace desde la intención del epígrafe [el reconocimiento del padre] y luego con la línea inaugural, que es una perla: “Vine a Berlín porque me dijeron que acá podía encontrar el fracaso que necesitaba para convertirme en escritor.” ]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En <em>La velocidad de lo perdido,</em> Cezzane Cardona (Dorado, 1982) narra la puertorriqueñidad desde el autoexilio  físico y temporal. La trama parte del Berlín que fue testigo de la caída del muro y se sustenta a través de un coro cosmopolita que recurre al cuerpo para dar voz y forma a la broma ideológica. La historia es relatada por un escritor <em>fracasado</em>, si se toma en cuenta que el ser empieza a madurar cuando conoce sus limitaciones.</p>
<p><span id="more-840"></span>Una buena novela no dilata en exponer su propuesta y <em>La velocidad</em> lo hace desde la intención del epígrafe [el reconocimiento del padre] y luego con la línea inaugural, que es una perla: “Vine a Berlín porque me dijeron que acá podía encontrar el fracaso que necesitaba para convertirme en escritor.” Antes de pasar la primera página el texto declara sus intenciones: el sexo es tan importante como las lecturas, la música, la plástica y estas cosas en conjunto son los vehículos para bregar con la decepción de las ideologías y la desidia del autoexilio. Estos inmigrantes viajan poco por placer; sus trayectos son el resultado de las propuestas globales que presuponían la cibernética; el escenario en donde el capitalismo mostró sus últimas garras al declararse ganador de la contienda reflejada en <em>La guerra fría</em>.</p>
<p>Bordeando una nostalgia que en más de una ocasión tienta lo cursi, Cardona consigue momentos de belleza mediante las descripciones urbanas de Europa y América durante los ochenta; la misma década agónica de la clase media, el bombardeo de la cultura <em>pop</em>. La caída del muro anunciaba la consolidación de Europa bajo una moneda; en el Caribe, lo ochentas servirían como plataforma para la gravedad de la Revolución Cubana y en la República Dominicana, la ratificación de acuerdos con el FMI, mientras Puerto Rico experimentaba la profesionalización de la violencia en el negociado de drogas.</p>
<p>Un tanto al margen de estas realidades, esta novela reescribe desde textos sagrados una suerte de <em>identikit</em> para toda adolescencia socialista. La novela no contradice los lugares comunes en la literatura, al contrario, basa su propuesta en todo lo dicho por textos canónicos desde los griegos hasta el <em>Boom</em>; lo mismo pasa con las escuelas de pensamiento. Un ejemplo de esto son las relaciones (inter)sexuales de estos personajes: todas las mujeres tienen o han experimentado el deseo de la niña hacia la figura adulta del hombre (Freud); la relación placer y muerte se hace presente en todo el texto mediante una serie de figuras como la mudez, la sepultura, la violencia, la castración (Bataille). Haciendo un análisis comparativo del texto podría conformarse una simbología que contraponga la promiscuidad y la prostitución del cuerpo con el trasiego político, esto es, la gran parte de los dirigentes socialistas que canjearon las precariedades de la militancia por dos autos en la marquesina, los enseres y la casita de urbanización.</p>
<p>Todo el vivo es pasado por las armas en esta novela y aunque en ocasiones se escuche un mono-tono erótico, lo cierto es que la mezcla sexo-ciudad regala momentos sublimes. En una de las escenas cumbres de la pieza, el escritor rebautiza a su amante muda; <em>Silencia</em>, dice él, cuando la procura. Una noche esta chica viene hacia el amante vestida únicamente con el mapa de una ciudad que pasa a ser descrita a partir de un cuerpo deseante. Como quien se encuentra en una esquina de una ciudad, también los personajes se encuentran en otros cuerpos. Las coincidencias sexuales en esta historia ponen a prueba lealtades y sentimientos; otorgan drama y conflicto.</p>
<p><em>La velocidad de lo perdido</em> se organiza fielmente dentro del canon, como si con las recurrencias a las estructuras del orden, la narración sustentara su existencia, revistiendo de sentido el fracaso presupuesto por las contradicciones del sistema político, social y económico que le otorgaba la vida y prometía lo posible de lo imposible. Personajes en la búsqueda desesperada de un padre (sólo para enterarse de que agoniza); un narrador que adopta la postura del <em>Boricua-Viator</em>; una simbología compuesta de incestos, abortos y orfandad. Salvo mínimas redundancias la primera novela de Cezzane Cardona es un texto de muy buen decir. Un delicado homenaje a las repetitivas ceremonias y los gestos inútiles que nos reivindican humanamente.</p>
<p>Por: Rey Emmanuel Andújar<br />
En el Viejo San Juan<br />
Verano 2010</p>
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		<title>La leona blanca de Henning Mankell</title>
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		<pubDate>Sat, 28 Aug 2010 23:11:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Redacción</dc:creator>
				<category><![CDATA[Reseñas]]></category>

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		<description><![CDATA[Como dice la contraportada, ésta es una de las novelas más comprometidas (y más larga, 648 páginas) de Mankell, con la que denuncia la Sudáfrica del Apartheid y celebra las primeras reformas del entonces presidente, Frederick De Klerk, además de mantenernos en suspenso con la suerte de un esperanzador Nelson Mandela. Sí, Henning Mankell introduce la historia contemporánea en la ficción, en su ficción.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Y el sueño se cumplió </strong></p>
<p>Aquí, en esta casa cultural, estamos ya en la primera L de Wallander. Me explico, he pasado el mes más augusto, como lo llama mi compañero Julio, en compañía de un sueco bebedor compulsivo de café, tendente a la depresión, y con unas relaciones familiares -padre e hija-, que siempre penden de un hilo. Kurt Wallander me ha llevado a África este verano, ya que mis compañeros me han atado a la esquina del videoclub. <strong>La leona blanca</strong>, 1993, es la tercera novela de la serie Wallander (marcada con la L en el lomo) del comprometido escritor y dramaturgo <em>Henning Mankell</em>, de quien ya hemos tratado aquí anteriores novelas suyas, <a href="http://elgusanillo.blogspot.com/2010/06/el-maestro-que-llego-del-frio.html%20">Asesinos sin rostro </a>y <a href="http://elgusanillo.blogspot.com/2008/07/pas-fro-de-sangre-caliente.html%20">Los perros de Riga</a>.</p>
<p><span id="more-824"></span>Como dice la contraportada, ésta es una de las novelas más comprometidas (y más larga, 648 páginas) de Mankell, con la que denuncia la Sudáfrica del Apartheid y celebra las primeras reformas del entonces presidente, Frederick De Klerk, además de mantenernos en suspenso con la suerte de un esperanzador Nelson Mandela. Sí, Henning Mankell introduce la historia contemporánea en la ficción, en su ficción.</p>
<p>Para empezar a ponerse en situación, el autor sueco comienza con un prólogo situado en la Sudáfrica de 1918, historia de como se formó la asociación secreta denominada la Hermandad, con la que defender a los bóers, salvaguardar sus derechos sobre un pueblo en el que gobernarían con poder absoluto. Esta entrada ya pone al lector sobreaviso, aunque luego pase directamente al habitual entorno del inspector Wallader y a la investigación de la desaparición de una mujer, agente inmobiliaria, cuyo cadaver aparece unos días más tarde con un disparo a bocajarro en una casa deshabitada. Madre y esposa devota, la muerte de Louise Akerblom conmocionará a su comunidad religiosa, así como al inspector y sus compañeros, que no consiguen encontrar pistas que les saque de su confusión, y les indique por donde empezar, hasta que la explosión repentina de la casa deja como pruebas el dedo de un hombre negro, y un aparato de radio de fabricación rusa. “<em>Tengo miedo. Como si el dedo negro me estuviese señalando a mí. Creo que no reúno los requisitos necesarios para comprender el alcance de este asunto</em>”.</p>
<p>De ahí, la subjetividad de la novela pasa al otro lado, la del criminal. Anatoli Konovalenko, ex agente de la KGB, es un asesino a sueldo (de una organización sudafricana de bóers cuyo jefe es Jan Kleyn) que prepara, en Suecia, a otro asesino, un sudafricano negro llamado Victor Mabasha. La misión de éste último consiste en matar a un importante personaje de la política sudraficana, Nelson Mandela. Todo parece desarrollarse según sus planes, hasta que Louise Akerblom tuvo la mala suerte de equivocarse de dirección en la carretera y fue eliminada. Ya es imposible que la conspiración internacional de un grupo de la extrema derecha de Sudáfrica no se mezcle con la curiosidad y suspicacia de Wallander que huye de tener que verselas con asesinos sin escrúpulos y sin respeto por la vida, como Konovalenko, Jan Kleyn y sus socios, o el sustituo de Mabasha, Sikosi Tsiki.</p>
<p>Estamos frente a una larga sucesión de acontecimientos, entre ellos mucha acción y el cambio de paisaje para el lector, que alternará capítulos de la primaveral Suecia a los terracotas y verdes sudafrícanos. De la polícia de Ytad o Estocolmo a la Interpol y el fiscal especial Georg Scheepers en Ciudad del Cabo. Con la lengua fuera nos tiene Mankell, con miedo nos mantine alerta ante esa leona blanca, esa Sudáfrica bella y fuerte, imprevisible en sus movimientos dando la sensación de peligro inminente, convertido en violencia incontrolada en cualquier momento, una caracteristica de la vida diaria del país. “<em>Ese depredador que llevaban en su interior. Los negros con su impaciencia ante la morosidad de los cambios. Los blancos con su miedo a perder sus privilegios, su miedo al futuro</em>”.</p>
<p>Pero Mankell no se limita a una investigación policíal, tambíen introduce cierto lirismo a través de la espiritualidad africana, “<em>Los espíritus son parte de la familia –explicó Mabasha-. Son nuestros antepasados, que velan por nosotros. Viven como miembros invisibles de la familia&#8230;A los espíritus no les gusta que los expulsen de una tierra que les ha pertenecido durante siglos</em>” y los estados de ánimo de sus personajes. La transición, no sin la impresión de estar encendiendo un barril de polvora, por la que el presidente De Klerk fue eliminando el Apartheid y dejando el camino libre al heróe luchador, la figura legendaria de Nelson Mandela. “<em>Sin embargo, esto le hizo reflexionar también sobre el grado de dificultad de la tarea que el presidente De Klerk y Nelson Mandela se habían impuesto a sí mismos, pues no era ésta otra que la de crear un sentimiento de comunidad entre personas que se tenían por traidores los unos a los otros</em>”.</p>
<p>La tercera y larga aventura de Wallander le deja exhausto y en un estado depresivo. La relación con su hija y con su padre ha mejorado, también debido a que éste contrae matrimonio y está de mejor humor. Hay alusiones, en algunos momentos de la investigación, a sus anteriores aventuras, ya sea por las cartas o llamadas intempestivas a Baiba Liepa, <em>Los perros de Riga</em>, ya porque el lugar donde fue hallada Louise Aklerblom está en la misma zona donde una pareja de agricultores ya ancianos fueron hallados muertos en <em>Asesinos sin rostro</em>, o bien por el recuerdo de su colega Rydberg, muerto de cáncer, y siempre añorando a los ladrones y estafadores de toda la vida, incapaz de asimilar la violencia irracional de los nuevos tiempos.</p>
<p><strong>Por:  Blanca Vázquez de </strong><a href="http://elgusanillo.blogspot.com/"><strong>El gusanillo de los libros</strong></a></p>
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		<title>Lo que esconde tu nombre, Premio Nadal 2010</title>
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		<pubDate>Thu, 13 May 2010 16:32:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Redacción</dc:creator>
				<category><![CDATA[Reseñas]]></category>

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		<description><![CDATA[El Premio Nadal de 2010 ofrece lo que se puede esperar de estos premios, que persiguen principalmente vender muchos ejemplares de la novela elegida, en este caso Lo que esconde tu nombre de Clara Sánchez. Y para ello se basan en esta ocasión en una historia muy evidente y poco original  pero bien escrita, que sabe mantener [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El Premio Nadal de 2010 ofrece lo que se puede esperar de estos premios, que persiguen principalmente vender muchos ejemplares de la novela elegida, en este caso <strong>Lo que esconde tu nombre</strong> de Clara Sánchez. Y para ello se basan en esta ocasión en una historia muy evidente y poco original  pero bien escrita, que sabe mantener el interés en sus cuatrocientas veinticinco páginas hasta llegar a un final demasiado etéreo para una historia con tanta carga emocional e histórica.</p>
<p><span id="more-769"></span>Leyendo la contraportada de la novela ya nos hacemos una idea clara de lo que vamos a encontrar en ella, la persecución por parte del jubilado Julián, antiguo morador de Mauthausen, de nazis escondidos en la costa española y la introducción accidental en el drama de Sandra, una joven embarazada y desorientada ante la vida,  que se deja acoger por Karin y Fred, unos noruegos ancianos y amables que esconde un oscuro pasado, objetivos como se puede deducir de nuestro caza-nazis Julián.</p>
<p>Lo mejor de la novela son los dos personajes principales que nos narran los sucesos acaecidos desde sus diferentes experiencias, cada uno con su voz y con su perspectiva de los acontecimientos, mientras el argumento avanza por los caminos habituales, sin grandes sorpresas ni vueltas de tuerca, dosificando las sorpresas para conseguir atrapar al lector, ya ganado gracias a la fuerza de Sandra y Julián como narradores y a su complicidad contagiosa.</p>
<p>Una novela bien escrita y que sabe mantener el interés, buena para pasar un buen rato de lectura, pero bastante evidente para cualquiera que haya leído novelas similares.</p>
<p><strong>Por: Metrópolis de Libros</strong></p>
<div style='clear:both'></div><p><a class="a2a_dd addtoany_share_save" href="http://www.addtoany.com/share_save"><img src="http://www.libroalibro.org/hogar/wp-content/plugins/add-to-any/share_save_171_16.png" width="171" height="16" alt="Share/Bookmark"/></a> </p>]]></content:encoded>
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		<title>La vida desde los labios: Yolanda Arroyo Pizarro</title>
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		<pubDate>Thu, 11 Feb 2010 12:11:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Maria de Lourdes Javier</dc:creator>
				<category><![CDATA[Reseñas]]></category>
		<category><![CDATA[Narrativa]]></category>
		<category><![CDATA[Novedades]]></category>
		<category><![CDATA[Yolanda Arroyo Pizarro]]></category>

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		<description><![CDATA[Ciertamente los personajes y palabras de la autora seducen y el lector recorre las páginas con ganas de devorar cada letra, de consumir cada historia. Sin embargo, nada en esta antología de cuentos es tan sencillo, Yolanda Arroyo Pizarro no es una escritora obvia y al pasar la página del primer cuento descubrimos que estas mordidas no son meramente las que colman de placer, sino que también son heridas que duelen.
]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El título del libro sugiere que sus páginas encierran cuentos coquetos, que seducen y besan. Ciertamente los personajes y palabras de la autora seducen y el lector recorre las páginas con ganas de devorar cada letra, de consumir cada historia. Sin embargo, nada en esta antología de cuentos es tan sencillo, Yolanda Arroyo Pizarro no es una escritora obvia y al pasar la página del primer cuento descubrimos que estas mordidas no son meramente las que colman de placer, sino que también son heridas que duelen.</p>
<p><span id="more-729"></span><br />
Los protagonistas del libro se tocan los labios, los aprietan y los muerden, cada uno por razones distintas, pequeñas manifestaciones exteriores de la psique profunda que los animan. Nos mordemos los labios cuando deseamos, cuando pensamos, cuando la pasión estremece la piel pero también cuando sufrimos, cuando sentimos miedo, debilidad o cuando no podemos hablar.</p>
<p>Y es entonces que se nos revela el segundo motivo del libro: las cicatrices, las marcas que deja la vida sobre la piel, huellas ineludibles de todo quien ha padecido, amado y vivido. Son pequeñas grietas que abren nuestros cuerpos y exteriorizan todo lo que queda bajo la superficie. Grietas que con el tiempo sanan, pero con facilidad vuelven a abrirse. Y es que los labios, todos los labios posibles, al igual que las cicatrices, implican una apertura, una puerta que transgrede las barreras que separan un cuerpo de otro.</p>
<div class="wp-caption alignleft" style="width: 197px"><img class="  " title="http://www.libroalibro.org/hogar/wp-content/uploads/2010/02/morderteloslabios.jpg" src="http://www.libroalibro.org/hogar/wp-content/uploads/2010/02/morderteloslabios.jpg" alt="Portada del libro Historias para morderte los labios de Yolanda Arroyo Pizarro" width="187" height="280" /><p class="wp-caption-text">Portada del libro Historias para morderte los labios de Yolanda Arroyo Pizarro</p></div>
<p>Un beso nunca es sólo un beso, es un puente hacia otros terrenos, un penetrar el universo desconocido de la otredad. El abrirse a la vida y a los demás es siempre abrirse a la posibilidad del dolor. Los personajes de Yolanda Arroyo Pizarro viven desde esa contingencia ineludible: niños abandonados por los padres, jóvenes y adultos que no saben enfrentar la enfermedad/muerte, hombres y mujeres que han amado y sangrado con intensidad, cuerpos que son violentados, ignorados, trasgredidos, celebrados y olvidados. Seres cotidianos, históricos y míticos, reales e imaginados, que sienten y padecen de forma humana, demasiado humana.</p>
<p>Estos relatos nos enseñan los aspectos más viscerales de la existencia misma y a la vez, no dejan de ser un canto a la infinita complejidad que encierra el ser humano. En el cuento “Alguna vez seré Marte” la autora nos dice que las lunas aman de una manera particular: se enamoran de enamorados, de la forma en que se besan, acarician y profesan  sus afectos. Daría la impresión que la autora fuese ella misma una luna, eterna enamorada del amor, la pasión y el erotismo en todas sus manifestaciones, aún cuando desemboca al desamor y que lo único que redime la humanidad es esa capacidad trasgresora de amar.</p>
<p>La autora, con su inagotable talento como narradora, nos hace vivir desde la propia piel, el placer y dolor, las vivencias de estos personajes a tal grado que resulta imposible asumir la distancia tan cómoda del lector: cada historia, cual mordida, deja su marca en nosotros. Leer estos cuentos nos obliga a asumir la vida desde los labios, desde esa grieta que se abre y se cierra en la medida que se vive y ama.</p>
<h5>Por: Maria de Lourdes Javier Rivera<br />
Escritora puertorriqueña (San Juan, 1981).<br />
Estudiante de doctorado en historia del arte en la Universidad de Salamanca (Usal, España).</h5>
<div style='clear:both'></div>]]></content:encoded>
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		<title>Novela de difuntos y colegialas de Alejandro Margulis</title>
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		<pubDate>Wed, 11 Nov 2009 13:15:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Redacción</dc:creator>
				<category><![CDATA[Reseñas]]></category>

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		<description><![CDATA[Esta reciente novela corta aparecida preliminarmente en  formato digital supone un lector avezado en idas y vueltas temporales –flashforwards y flashbacks-, un cómplice en el gusto por cierto tipo de humor particular, en síntesis, un lector inteligente capaz de habilidades y destrezas con respecto a un texto de ficción no convencional. En una época en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Esta reciente novela corta aparecida preliminarmente en  formato digital supone un lector avezado en idas y vueltas  temporales –flashforwards y flashbacks-, un cómplice en el gusto por cierto tipo  de humor particular, en síntesis, un lector inteligente capaz de habilidades y  destrezas con respecto a un texto de ficción no convencional. En una época en la  que abundan los talleres para escritores en ciernes no ocurre lo propio con  lugares donde se enseñe a crear a través de la  lectura.</p>
<p><span id="more-666"></span></p>
<p><a class="highslide" onclick="return vz.expand(this)" rel="http://www.ayeshalibros.com.ar" href="http://www.libroalibro.org/hogar/wp-content/uploads/2009/11/noveladifuntos.jpg"><img class="size-medium wp-image-667 alignleft" style="border: 1px solid black; margin: 4px;" title="noveladifuntos" src="http://www.libroalibro.org/hogar/wp-content/uploads/2009/11/noveladifuntos-205x299.jpg" alt="noveladifuntos" width="205" height="299" /></a>El horror a y de las fotos –pueden recordarse aquí a  páginas de Barthes, Sontag, Warhol y hasta el clásico de Silvina Ocampo titulado  precisamente Las fotografías- es un itinerario que debe recorrerse desde el  comienzo mismo del texto, ya que Santamarina recibe las del accidente fatal de  su mujer, Sabrina. Lo que comienza como un anuncio premonitorio nos lleva a otra  época y a otro personaje que funciona como eje de la historia: Piaget, un  profesional encargado de inmortalizar a las víctimas de la represión en la  última dictadura que sufriera Argentina. La extensión discursiva de Piaget logra eclipsar,  momentáneamente, a los otros personajes de la historia. Sus diálogos con el  capitán de Marina al que sirve proponen cáusticas bromas no exentas de sadismo:  así, este capitán imagina una foto eventual del unitario asesinado en El  matadero de Echeverría y lamenta que no existan testimonios pulidos y satinados  al respecto. Un daguerrotipo no bastaría para causar pánico. Piaget se halla  indisolublemente ligado a un triste personaje llamado Marcia Nadina, con un  regusto singular que la une a Piaget: los cementerios, las cruces, los túmulos,  las criptas y un hijo muerto.</p>
<p>Por contraposición y trasladándonos sin previo aviso a la  redacción de un diario, en el que también trabajan tanto Piaget como  Santamarina, nos hallamos ante un mundo donde las agudezas intentan pasar por  inteligencia, ya que es fácil disfrazarse. En ese lugar hará su aparición la  adolescente Rosarito, una joven que se encargará de satisfacer las apetencias de  Santamarina delante del cadáver de Sabrina. El sexo, en todo el texto, se halla  indisolublemente ligado a la muerte, lo que otorga a esta novela corta de  Margulis –quien aparece también como un personaje más en la redacción- un sesgo  decididamente tanático.</p>
<p>La soltura en el terreno sexual, algo que se agradece  porque corresponde a una cierta picaresca de buena cepa tan vieja como La lozana  andaluza de Fray Francisco Delicado en el siglo XVI es, en el caso de Margulis,  de una complejidad poco frecuente: la agonía, los cadáveres, los ritos  emparentados con la muerte provocan erecciones. No siempre es feliz la  exploración en el área, ya que no se sabe por qué un personaje satélite como el  de Roque nos ofrece el relato de su noche con un travesti que cualquiera puede  encontrar en un blog de internet o en esos lugares telefónicos especializados en  esta clase de historias.</p>
<p>El paseo por el unheimlich freudiano tiene como fuente el  período 1976-1983 y lo que aquí se relata, el horror padecido, condiciona las  vidas de todos los que intervienen, aún en su aparente frivolidad  desprejuiciada. ¿Cómo ahogar la angustia? Margulis recurre al sexo y es, en  cierta manera, un escape como cualquier otro. Algunos dirán el más sano, otros  el más alcanzable, el más próximo. El deseo que asoma en la descripción de  ciertas figuras femeninas –la joven Marcia Nadina, Rosarito- las entrega como  verdaderos objetos a ser consumidos como paliativos del dolor y, en el caso de  Piaget, del sadismo.</p>
<p>El diálogo, uno de los graves problemas de la literatura,  el cine y la televisión argentinos pareciera no tener tampoco freno en el caso  de Margulis. Sin embargo, no debe confundirse con el de mucha de la literatura  crapulosa que viene publicándose en el país desde hace décadas. No hay en el  mismo nada del naturalismo asfixiante y pedestre al que estamos acostumbrados:  sencillamente, esta gente habla como piensa y piensa como habla. Para bien o  para mal.</p>
<p>Párrafo aparte merece el grotesco –género porteño por  excelencia- que campea por la breve sinopsis que Hans redacta sobre la historia  argentina. Y en las antípodas, el lirismo asoma en las alucinadas visiones de la  agonizante Sabrina. Algo habría que pedirle a Margulis y es que no tenga en  cuenta a ese lector invisible cuando escribe. Los textos fáciles no son,  precisamente, los que logran que la literatura avance. Él posee las herramientas  necesarias para crear lectores inteligentes, esos de los que hablábamos al  comienzo de esta reseña. El facilismo se olvida y lo que perdura, tal vez, son  ciertas imágenes que muy poco tienen que ver con el mundo mediático y previsible  en el que vivimos.</p>
<p>En el lector dibujado por el texto asoma la inseguridad  nada estable del universo postmoderno.   Es, además, indiscutible, que alguien que se dedique a ficción en  nuestros días deba poseer un amplio manejo de códigos. Margulis no vacila en  mezclar a Alfredo Alcón y a las recetas de cocina –loas al asado argentino-, y a  Beethoven con la tristeza marginal de un pueblo y de una adolescencia ya  perdidos.</p>
<p><strong>Por: Abel Posadas, Especial para Libro a Libro</strong></p>
<div style='clear:both'></div><p><a class="a2a_dd addtoany_share_save" href="http://www.addtoany.com/share_save"><img src="http://www.libroalibro.org/hogar/wp-content/plugins/add-to-any/share_save_171_16.png" width="171" height="16" alt="Share/Bookmark"/></a> </p>]]></content:encoded>
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		<title>¿Qué tal si hablamos de amor este verano?</title>
		<link>http://www.libroalibro.org/hogar/2009/07/%c2%bfque-tal-si-hablamos-de-amor-este-verano/</link>
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		<pubDate>Sat, 04 Jul 2009 22:16:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Redacción</dc:creator>
				<category><![CDATA[Reseñas]]></category>

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		<description><![CDATA[Todo el relato (98 páginas) es en sí una digresión psicológica (junto a otras digresiones o pequeñas intervenciones que fecundan el texto) de la figura de Don Juan, personaje al que alude constantemente el escritor europeo traducido a veintiún idiomas.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Me topo para mi solaz, con el ansía eterna de saciar encontronazos con nuevos literatos, con un escritor vivificante y dinámico, vividor y prosista, un delirante corrosivo no exento de cierto cinismo, un holandés errante, Marek van der Jagt, perdón, quise decir Arnon Grunberg. Quizá no sea desacertado llamarle Marek van der Jagt, al fin y al cabo éste parece vislumbrarse como su otro yo, el falso o el verdadero, depende como se lea su verdad a medias, contradicción con la que empieza su “curiosa” última novela, Monógamo.</p>
<p><span id="more-345"></span></p>
<p>Un escritor con experimentada faceta de múltiples oficios (a ver, ¿quién puede vivir hoy día sólo de la literatura, hasta no bien alcanzado el éxito?). Colaborador de varias revistas (Amnistía Internacional entre ellas), periódicos, radio y televisión. También gusta de vivir en carne propia aquello de lo que quiere tratar en sus novelas: incorporarse al ejército holandés para conocer Afganistán, aceptar un trabajo como reportero para entrar en la base naval de Guantánamo, trabajar en un hotel alemán y observar a los trabajadores… lo que me da pie a suponer que lo que cuenta en Monógamo, de la editorial Tusquets, lo haya vivido, más o menos. O, tal vez, su previo y polémico libro “Como me quedé calvo”, que habla de la calvicie psicológica y del tamaño del pene, sea un asunto que le trae de cabeza?!. Novela, por cierto, que firmó con seudónimo, el nombre de su personaje, el tal Marek. En todo caso, todas sus novelas causan cierta polémica, lo que, a su vez, le está reportando un gran éxito, (y, cómo no, dinero). Mirado con lupa, hay que decir que dicha polémica no le resta talento, y aunque haya mucho ruido y ciertas sonrisas, publicidad y un poco de espectáculo por parte del autor (quién ha reconocido su homosexualidad pero a la vez su amour fou por las mujeres), también hay nueces literarias de muy desopilantes texturas.</p>
<p>“Mi identidad coincide con mi oficio de escritor. Soy lo que escribo y todas mis demás actividades están al servicio de ésta. El escritor es ante todo alguien que observa e investiga al mundo y a sí mismo, como un biólogo puede observar o estudiar a un grupo de elefantes, monos o lombrices de tierra”. Se abre Grunberg a través de Marek en Monógamo. ¿Estamos ante una transformación más de la novela? Podría ser. La novela lleva transformándose, evolucionando desde Cervantes, Broch, o Rabelais, Diderot, Joyce o Kafka. Arnon Grunberg exhibe su rebeldía por medio de su otro yo, Marek van der Jagt, un rebelde que lucha contra el orden establecido para someterlo a propio dominio, y de dominar habla mucho esta novelita: “Poco después, advertí con asombro que deseaba dominar. Pero que quede claro: dominar a otras personas”…”El engatusamiento y la seducción no causan víctimas a corto plazo. El engatusamiento sólo causa víctimas a medio y largo plazo…”. Marek/Arnon quiere conocerse, para ello registra su vida en un dietario, desde sus primeros escarceos juveniles con el ferviente deseo dominador. Comienza con su familia, hasta que se da cuenta que en realidad él es el dominado.</p>
<p>La literatura le sirve de guía en su objetivo de descubrir al verdadero yo: Albert Camus, Stendhal, Benjamin Constant, Frank Wedekind, André Brink, o el cineasta François Truffaut. Así, empezó Marek a considerar cada vez más repulsiva la idea de que todo hombre tiene derecho a una sola mujer. Caray, con Arnon/Marek!, “…mi imaginación era irrefrenable. Empecé a desarrollar fantasías sobre casi todas las mujeres con las que me topaba”.</p>
<p>Todo el relato (98 páginas) es en sí una digresión psicológica (junto a otras digresiones o pequeñas intervenciones que fecundan el texto) de la figura de Don Juan, personaje al que alude constantemente el escritor europeo traducido a veintiún idiomas. Deducimos, pues, esa cierta atracción masculina por el donjuanismo, inevitable en alguna etapa de la vida. Pensamos en el novelista-autor, según Milan Kundera, como estacionado en su momento lírico, entendido éste como una cierta manera de ser: el escritor deslumbrado por su propia alma y por el deseo de que sea escuchado. Grunberg está no solo en la edad lírica, concentrado en sí mismo, en esa cierta juventud, también intenta trazar o adivinar su propio retrato. Aún no está en el proceso de alejarse de sí mismo, cumple en cierta forma la maldición del novelista: su honestidad está atada al potro infame de su megalomanía, de nuevo me agarro a Kundera en su ensayo en siete partes sobre la novela.</p>
<p>¿Alcanzará este Don Juan a la bestia llamada Amor? “Te elevas y vuelas; pero te elevas y vuelas para luego caer. Nunca antes fue tan tentador ser destrozado”.</p>
<p>Pero sigo, y entonces Marek.. : “En París conocí a una violonchelista, V., que era de Viena y que había vivido en el mismo barrio en el que yo me crié…”.</p>
<p>No les cuento más, lo dicho basta para abrir boca, para degustar este fenómeno que es Arnon Grunberg.</p>
<h5><strong>Por: Blanca Vázquez, Especial para Libro a Libro<br />
<a href="http://larepublicacultural.es">La República Cultural</a></strong></h5>
<div style='clear:both'></div>]]></content:encoded>
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		<title>Los árboles también tienen vida privada</title>
		<link>http://www.libroalibro.org/hogar/2009/06/los-arboles-tambien-tienen-vida-privada/</link>
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		<pubDate>Sun, 14 Jun 2009 16:38:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Libro a Libro</dc:creator>
				<category><![CDATA[Reseñas]]></category>
		<category><![CDATA[escritores]]></category>
		<category><![CDATA[novelas]]></category>

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		<description><![CDATA[Parte del éxito que ha tenido este escritor, de 34 años, es sin duda que ha logrado capturar la atención de los lectores con temas cotidianos y nada rebuscados. Como dice la lectora del blog, Zambra aseguró que escribe sobre lo que puede contar, sobre lo que conoce.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Recientemente en una búsqueda básica en Google, sobre el escritor y poeta chileno Alejandro Zambra, encontré un “post” en el blog de Iván Thays, El Moleskine Literario. En esta entrada, Thays menciona que el editor Jorge Herralde dijo que no existe una fórmula para descubrir a un nuevo escritor, pero expresó que &#8220;es algo que se produce cuando lees muchos manuscritos y entonces uno de ellos te produce un escalofrío que te recorre la columna vertebral”. Thays aseguró que esa fue la sensación que sintió al leer a Bonsái, una novela corta de Alejandro Zambra. Bajo el “post” de Thays se encuentran varios comentarios, uno en especial me llamó la atención:</p>
<blockquote><p><span id="more-308"></span></p>
<p>Saludos desde México, buscaba algo más sobre Zambra y afortunadamente encontré este blog. Hoy conocí al autor de Bonsái y después de escucharlo decir &#8220;escribo la historia que puedo contar, sin ninguna pretensión&#8221; me di cuenta que el gran bloqueo para escribir que tuve por mucho tiempo, fue desear contar lo que no puedo. Cierto que no hay recetas, pero a veces escuchar a un compañero le recuerda a uno que hay un límite y dentro de él una posibilidad: escribir lo que soy.</p></blockquote>
<div id="attachment_314" class="wp-caption alignleft" style="width: 243px"><a class="highslide" onclick="return vz.expand(this)" href="http://www.libroalibro.org/hogar/wp-content/uploads/2009/06/bonsai.jpg"><img class="size-full wp-image-314" title="bonsai" src="http://www.libroalibro.org/hogar/wp-content/uploads/2009/06/bonsai.jpg" alt="Bonsai" width="233" height="358" /></a><p class="wp-caption-text">Bonsai</p></div>
<p>Parte del éxito que ha tenido este escritor, de 34 años, es sin duda que ha logrado capturar la atención de los lectores con temas cotidianos y nada rebuscados. Como dice la lectora del blog, Zambra aseguró que escribe sobre lo que puede contar, sobre lo que conoce.  La producción literaria de este escritor consta de dos poemarios y dos novelas, además de un sin número de artículos sobre crítica literaria. Su primera novela, Bonsái, comienza a trazar el boceto de una forma anhelada.</p>
<p>Con esta novela plantea la posibilidad de concebir una literatura con una forma compleja y bien estudiada, pero a la vez simplificada mediante la economía del lenguaje. El bonsái con su estética miniatura de un árbol, que podría ser más grande, se convierte en una metáfora de la literatura misma para Zambra, una forma de seguir la propuesta de Borges de escribir novelas como si fuera un resumen de novela.</p>
<blockquote><p>No recuerdo con precisión el momento en que Bonsái comenzó a ser (o a parecer) una novela. Desconfiaba de la ficción; desconfiaba, en especial, de que fuera capaz de contar una historia, de que hubiera, para mí, una historia que contar. No quería escribir una novela, sino un resumen de novela. Un bonsái de novela. Borges aconsejaba escribir como si se redactara el resumen de un texto ya escrito. Eso hice, eso intenté hacer: resumir las escenas secundarias de un libro inexistente. En lugar de sumar, restaba: completaba diez líneas y borraba ocho; escribía diez páginas y borraba nueve. Operando por sustracción, sumando poco o nada, di con la forma de Bonsái (Alejandro Zambra en “Árboles cerrados. A propósito de Bonsái”).</p></blockquote>
<p>Su segunda novela, La vida privada de los árboles, es la continuación no de la historia de Bonsái sino de la obsesión de este chileno por la estética minimalista. La vida privada de los árboles es el relato de un joven que durante una noche analiza su pasado y recrea el futuro mientras espera a su esposa, que no llega, y cuida de una niña, que no es su hija, pero que le resulta imposible no verla como tal.</p>
<p>En esta novela, Julián, el personaje principal es un profesor de literatura, que asegura desear ser una “voz en off”. Un tipo sencillo que trabaja en cuatro universidades diferentes, que escribe o dice escribir los domingos una novela sobre un bonsái, quien además se casó con una repostera con habilidades artísticas que tiene una hija de ocho años a quien Julián distrae en las noches con historias sobre “la vida privada de los árboles”.</p>
<p>¿Qué tiene de relevante esta novela cuyo borrador consistía de unas 47 páginas? Zambra como crítico literario reconoce que la literatura en su país durante décadas estuvo influenciada por la tragedia que marcó la dictadura. La tragedia y la dictadura fueron narradas mayormente a través de memorias y es de ese tipo de narrativas que se quiere distanciar Zambra.</p>
<p>Otro aspecto de la propuesta de Zambra sobre la literatura es que también se debe alejar de las tragedias. Esto se muestra cuando el narrador le deja saber al lector en varias ocasiones que la historia no termina hasta que el personaje de Verónica llegue o Julián sepa que ésta no regresará. Entonces nos debemos preguntar por qué no sabemos lo que ocurre después.</p>
<p>Podemos pensar que para Zambra mencionar en la novela que la literatura chilena es de color café tiene un doble significado (77). Éste comenta en una entrevista que cuando niño recibían en la casa una colección de libros que provenían de España y otros países. Así sabemos que la colección de textos chilenos eran identificados con este color. Sin embargo propongo que el color café es una metáfora de la tragedia; del pasado oscuro de la dictadura que marcó la literatura chilena. No debe ser coincidencia que Julián, según comenta el narrador, debió llamarse Julio, pero que por respeto (o temor) a las autoridades del registro demográfico, sus padres no corrigieron el error (72).</p>
<p>En La vida privada de los árboles, cada personaje que se presenta tiene un significado dentro de la propuesta literaria del autor. Julián como el nuevo narrador y representante de las “voces en off” (83). Verónica como esa madre ausente, tal vez metáfora de la literatura española y su influencia sobre la literatura chilena, pero que ya no está. Fernando, el padre de Daniela, es descrito en la novela como una mancha, aunque se asegura que la niña pensaba que éste era más “lindo” que Julián. ¿Acaso Zambra propone la que los relatos anteriores, con más adornos, eran más atractivos para el lector?</p>
<p>Finalmente, Daniela es la metáfora de la literatura misma y a la vez del lector. Una niña curiosa en plena formación que es el producto de una familia no tradicional influenciada por una madre ausente, un padre que ya no vive junto a ella y un padrastro que la cuida e inventa historias sobre la vida privada de los árboles. Así podríamos decir que como una “principita” Daniela debe conocer el secreto para evitar que los boababs crezcan y destruyan su planeta. Daniela es la metáfora de un bonsái que Julián debe formar.</p>
<p>En su ensayo “Muy lejos del boom”, Alejandro Zambra discute la intención  que tuvo al escribir sus dos novelas:</p>
<blockquote><p>Al escribir Bonsái o La vida privada de los árboles no sabía muy bien qué quería representar. Tal vez nada. Todo lo que puedo decir sobre esos libros es posterior a la escritura, y corresponde, más bien, a la primera y única vez que los leí ya terminados. En ambos libros obedecí al solo deseo de desplegar imágenes que me parecían válidas. Ahora pienso que al escribir esas novelas quería nombrar las vidas medianas y nada novelescas de quienes crecimos leyendo libros de color rojo, beige y café. Ahora pienso que deseaba, quizás, hablar de personajes que no quieren o que no pueden ser personajes, tal vez porque son chilenos. Quizás deseaba hablar de nuestro pobre pasado vegetal, de la impostura, de las frágiles nuevas familias, en fin, de la vida que, como dice John Ashbery, es &#8220;un libro cuya lectura alguien ha abandonado&#8221;, y de la muerte, de los muertos ajenos y de los muertos propios.</p></blockquote>
<p>Esta cita también nos muestra cómo el autor quiso distanciarse, al igual que la mayoría de los autores hispanoamericanos contemporáneos, de la generación del boom. Como se ha mencionado en innumerables textos, los/las nuevos/as escritores/as se han revelado contra todo paradigma pasado que pueda encajonarlos como una marca, como diría Jorge Volpi, una marca que mantenga como sinónimo a la literatura hispanoamericana con Cien años de soledad.</p>
<p>Para concluir, podemos decir que los nuevos escritores hispanoamericanos están buscando nuevos estilos para distanciarse de sus predecesores, los miembros de la generación del boom. En el caso de Alejandro Zambra, poeta y escritor, éste recurrió a una serie de estrategias para ahuyentar lo que hemos denominado en este ensayo como espíritus de la memoria y la tragedia. Zambra se propuso implantar una estructura minimalista, inspirada sin duda en la narrativa japonesa y  los bonsáis. Asimismo recurrió al meta-relato influenciado por las lecturas a escritores como Paul Auster. Esta técnica, al igual que el humor le dieron a Zambra la posibilidad de distanciarse del tono dramático y trágico que caracteriza a las memorias pasadas.</p>
<h5><strong>Por:  Xiomara Filiberty Casiano, Colaboradora Libro a Libro</strong></h5>
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		<title>La distopía en &#8220;1984&#8243;, 60 años después</title>
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		<pubDate>Wed, 10 Jun 2009 11:54:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Redacción</dc:creator>
				<category><![CDATA[Reseñas]]></category>
		<category><![CDATA[1984]]></category>
		<category><![CDATA[George Orwell]]></category>

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		<description><![CDATA[Sesenta años después de su publicación, ‘1984’ continúa siendo un referente fundamental de la ciencia ficción, pero más destacable aún es el hecho de que su importancia ha traspasado las fronteras de lo literario para instalarse en el debate político, social y ético.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El 8 de junio de 1949, hace ya sesenta años, se publicó una de las novelas fundamentales de la ciencia ficción del siglo XX: <strong>Mil novecientos ochenta y cuatro (1984)</strong>, de George Orwell. Junto a <em>‘Un mundo feliz</em>’ de Aldous Huxley y ‘<em>Fahrenheit 451</em>’ de Ray Bradbury, la novela de Orwell encarna la distopía de principios del siglo XX.</p>
<p><span id="more-295"></span> Si el término ‘utopía’ hace referencia a un lugar ficticio en el que la sociedad se desarrolla según un ideal de perfección, la ‘distopía’ es una utopía negativa o perversa: en ella el mundo imaginado adquiere tintes apocalípticos. Mientras que las ficciones literarias utópicas transcurren en lugares indeterminados, no relacionados con la sociedad actual, las distópicas se erigen como amenazas surgidas de la realidad, por lo que las alusiones políticas y morales suelen ser directas.</p>
<p>George Orwell (1903-1950) comenzó a escribirla en 1945, pero redactó la mayor parte en 1948 durante su estancia en la isla de Jura (Escocia). El título original, ‘The Last Man in Europe’ (‘El último hombre en Europa’), fue sustituido a instancia de los editores británicos y estadounidenses por el de ‘Mil novecientos ochenta y cuatro’, aparentemente debido a motivos comerciales.</p>
<p>La acción de ‘1984’ transcurre en una Inglaterra futura en que la sociedad se divide en dos grandes grupos: por un lado, los miembros del Partido Único, que detentan el poder absoluto y cuyas consignas son: “La guerra es la paz, la libertad es la esclavitud, la ignorancia es la fuerza”; por otro, la masa de población que vive atemorizada y sometida a los primeros. Por su parte, el escenario mundial es disputado por tres superpotencias: Oceanía (cuna del Ingsoc, es decir, del socialismo inglés), Eurasia (donde impera el neobolchevismo) y Estasia (regida por la Adoración de la Muerte o Desaparición del Yo).</p>
<p>El Partido Único ejerce el poder a través de cuatro ministerios de claras funciones: el Ministerio del Amor (encargado del castigo y la tortura), el Ministerio de la Paz (en búsqueda de la guerra permanente), el Ministerio de la Abundancia (que maneja la economía para que la población subsista con lo mínimo) y el Ministerio de la Verdad (donde se destruye y manipula la documentación histórica). En este último organismo trabaja el protagonista de la novela, Winston Smith.</p>
<p>Los ideales del Partido están encarnados en el Gran Hermano: omnipresente, omnipotente y omnisciente, un dios futurista que controla el pensamiento y la acción. La sociedad por entero y sus valores quedan subyugados a la voluntad de un ente superior que anula la individualidad. Para ello, las herramientas empleadas son el lavado de cerebro, la supresión del libre pensamiento, la educación totalitaria, el lenguaje, etc., es decir, los instrumentos propios de cualquier totalitarismo.</p>
<p>La acción de ‘1984’ debe analizarse a la luz del contexto político en que Orwell la concibió: un mundo desgastado al término de la Segunda Guerra Mundial e inmerso en plena Guerra Fría, con el auge del Stalinismo. En realidad, el Gran Hermano alude directamente a Stalin y su culto a la personalidad, mientras que el principal enemigo del régimen, Emmanuel Goldstein, encarna a Trostky.</p>
<blockquote><p>Mi última novela no pretende ser un ataque contra el socialismo o el Partido Laborista Británico (del que soy partidario), sino una demostración de las perversiones … que, en parte, ya se han realizado en el comunismo y el fascismo… El escenario del libro se ubica en Gran Bretaña con el fin de destacar que las razas de habla inglesa no son innatamente superiores a otras y que el totalitarismo, si no luchamos contra él, podría triunfar en cualquier lugar.</p></blockquote>
<p>En el artículo titulado ‘Por qué escribo’ (1946), Orwell señala cuatro puntos sobre su vocación literaria: el egoísmo agudo, el entusiasmo estético, el impulso histórico y el propósito político.</p>
<p>Propósito político, y empleo la palabra “político” en el sentido más amplio posible. Deseo de empujar al mundo en cierta dirección, de alterar la idea que tienen los demás sobre la clase de sociedad que deberían esforzarse en conseguir. Insisto en que ningún libro está libre de matiz político. La opinión de que el arte no debe tener nada que ver con la política ya es en sí misma una actitud política.</p>
<p>Confiesa que, en su caso, los tres primeros motivos pesan más que el último, pero su experiencia y el contexto histórico en que vivió lo convirtieron en “una especie de panfletista”: Cada línea seria que he escrito desde 1936 lo ha sido, directa o indirectamente, contra el totalitarismo y a favor del socialismo democrático. Por tanto, una vez situado el punto de partida en la lucha contra la injusticia, Orwell transforma los escritos políticos en arte. En sus obras, la reflexión política (a la que incluso se refiere como “propaganda directa”) es inseparable de la experiencia estética, y admite que aquellos textos en los que prescindió de un propósito político son los más vacíos de su trayectoria: trozos llenos de fuegos artificiales, frases sin sentido, adjetivos decorativos y, en general, tonterías.</p>
<p>Sesenta años después de su publicación, ‘<strong>1984</strong>’ continúa siendo un referente fundamental de la ciencia ficción, pero más destacable aún es el hecho de que su importancia ha traspasado las fronteras de lo literario para instalarse en el debate político, social y ético. Su vigencia no sólo se detecta en ciertos programas televisivos, sino en muchas de las actuaciones políticas de los últimos tiempos y, en general, en el tratamiento de la privacidad. Hoy todo el mundo sabe a lo que alude el nombre de George Orwell y esa fecha de veinticinco años atrás sigue imponiendo respeto, a pesar de que, por fortuna, tanto el nazismo como el stalinismo quedaron atrás. Pero por algún motivo no tan remoto seguimos temiendo la presencia de ese gran ojo que todo lo ve.</p>
<blockquote><p>Yo no creo que el género de sociedad que describo vaya a suceder forzosamente, pero lo que sí creo (si se tiene en cuenta que el libro es una sátira) es que puede ocurrir algo parecido. También creo que las ideas totalitarias han echado raíces en los cerebros de los intelectuales en todas partes del mundo y he intentado llevar estas ideas hasta sus lógicas consecuencias.</p></blockquote>
<h5><strong>Por: Magaly Urcaray, Especial para Libro a Libro</strong></h5>
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		</item>
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		<title>El enigma de París</title>
		<link>http://www.libroalibro.org/hogar/2009/06/el-enigma-de-paris/</link>
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		<pubDate>Sat, 06 Jun 2009 01:45:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Redacción</dc:creator>
				<category><![CDATA[Reseñas]]></category>
		<category><![CDATA[El enigma de Paris]]></category>
		<category><![CDATA[Premios]]></category>

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		<description><![CDATA[Pablo De Santis nos acerca a París en un dirigible que al vuelo atraviesa el tiempo y el océano Atlántico, lo que nos sitúa, al poco de comenzar, ante una novela no-histórica. No al menos como comúnmente se ficha a este género. Y sin embargo el autor traza el costumbrismo y la ambientación de 1889 con ingenio y estética, donde los excéntricos personajes se mueven como poseídos por el bacilo del género, en una perfecta veracidad documentaria.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hablaba hace unos días de editoriales que mantienen la dinámica de premios comerciales, elevándose (las editoriales y el autor elegido) a un estatus que marca tendencias y éxitos literarios. Nada que objetar, siempre y cuando dichos premios sean de calidad merecida y contrastada. De hecho yo soy la primera que se deja fascinar por el carnet con puntos de Premios de un escritor. Ejemplo de lo dicho, los Premios Nobel me privan todos. Por no hablar de los Booker Prize, los Goncourt o los Pulitzer. Pero cuando no se corresponde calidad con floritura laureada, ahí, más vale un varapalo a tiempo que 100 mediocres volando en el aura literaria. Pero ese no es el caso del <strong>Premio Planeta-Casamérica de Narrativa Iberoamericana 2007</strong>, <strong>El enigma de París</strong> del argentino Pablo De Santis . Trabajo minucoso, obra milagrosa, pasmosamente elegante y hábilmente elaborada.</p>
<p>Oigan, un disfrute.</p>
<p><span id="more-271"></span></p>
<p>Primero; su edición de bolsillo la hace cercana a nosotros, una obra amiga, que se deja tocar y sobar, magrear y subrayar. Disfrutar de una bacanal libresca con el lenguaje vestido de pret à porter. No se hagan las longis, queridas editoriales, nada como una edición que nos haga vivir los libros, contra tapas duralex combinadas con el mueble estantería de nogal, misión adorno.</p>
<p>Segundo; ese interior jugoso, hilado finamente por un escritor cuyo mundo me era ya vagamente (ay! mi memoria) conocido, gracias a su obra “El calígrafo de Voltaire”, 2001. Rico, rico, este volumen vitaminado se amortiza a los cinco minutos de comenzar a leer, porque sus páginas son, desde la primera a la última, material incombustible que eleva la novela a su posición de gran dama de la literatura. ¿Exagerada? Ni lo crean. O quizá mi exaltación se deba a la falta de ofertas suculentas en narrativa contemporánea, ausentes en los escaparates de las librerías, o grandes espacios comerciales, donde, en su lugar, acaparan un sitio que no les corresponde tochos insufribles.</p>
<p>Una pena.</p>
<p>Pablo De Santis nos acerca a París en un dirigible que al vuelo atraviesa el tiempo y el océano Atlántico, lo que nos sitúa, al poco de comenzar, ante una novela no-histórica. No al menos como comúnmente se ficha a este género. Y sin embargo el autor traza el costumbrismo y la ambientación de 1889 con ingenio y estética, donde los excéntricos personajes se mueven como poseídos por el bacilo del género, en una perfecta veracidad documentaria.</p>
<p>Estamos en los febriles días previos a preparación de la Exposición Universal de París, para la que se han reunido los Doce Detectives más famosos del mundo, un selecto club donde cabe toda nacionalidad, práctica y método para descubrir el crimen: “Somos filósofos de la acción, y solo nos miramos en el espejo de nuestros actos”. Investigadores, que aunque no lo quieran, se dan a conocer por medio de sus investigaciones. Con un regusto decimonónico que detectamos en el poso de esta lectura, De Santis se adentra en un auténtico film noir bajo su prosa apasionada por el enigma y su revelación, una prosa cabalística y festiva. Como voyeurs lectores disfrutamos las discusiones sobre el arte de la investigación.</p>
<p>Con la excusa de componer un rompecabezas sobre una serie de crímenes que tienen lugar en París, cuando por fin se deciden los sabios detectives (tan diferentes, tan rivales) a contar sus secretos, De Santis da un cursillo del desarrollo detectivesco y, de paso, parte de su historia, según las costumbres culturales de cada país, y los medios de que se disponían en la época, que visto desde el trabajo actual de la policía científica, resultaba francamente meritorio cualquier resolución o el intento de ella. Cada detective define, a tenor de sus propias experiencias, en que consiste investigar, si bien algunos, entre los Doce, prefieran usar los puños al razonamiento: “Los resultados no son todo, señor Darbon. Hay una belleza en el enigma que a veces nos hace olvidar el resultado…Además necesitamos el ocio, las charlas de la sobremesa. Somos profesionales, pero no puede ser un verdadero detective quien no tenga algo de dilettante. Somos como viajeros, llevados por los vientos de la casualidad y de la distracción hasta el cuarto cerrado que esconde el crimen”.</p>
<p>Con grandes dosis de filosofía, el autor argentino, con un leguaje proteínico, se adentra en el legado del detective, sus tácticas, sus historias, sus amarguras, sus envidias… Ese final de siglo detenta profundos cambios, que habían de influir en todo, desde la nueva visión de la arquitectura, las relaciones sociales, o las religiones (se describe en El enigma de París la creciente proliferación de sectas y adoradores de la incógnita, lo arcano. Incluso la ciencia es materia de discusión…”La ciudad de París ha sido durante largos años un refugio para todos los saberes esotéricos. Ahora se han propuesto iluminarla. La luz eléctrica, el positivismo, la Exposición, la Torre: son formas de lo mismo. La ciencia ya no es un conjunto de respuestas, sino un exterminio de las preguntas”).</p>
<p>Dividida en cinco partes, la novela va desarrollando diferentes historietas de intriga siguiendo la opinión de cada detective en la forma de investigar, a la vez que el eje central lo conforma la investigación del asesinato de uno de los detectives, (Darbon), al que le seguirán la quema de un cadáver (ajusticiado en su momento, así como el asesinato de una bella mujer del espectáculo, todo ello relacionado entre sí. Contado con tal maestría, que De Santis no pierde el ritmo ni el rumbo narrativo en momento alguno.<br />
Pero les apunto, ya en el final de este comentario, que lo brilla con especial luz en esta obra es, antes que nada, un homenaje. No necesariamente a los Sherlock Holmes reunidos en París, más bien a los adláteres, los Watson de todo detective: el ayudante, el asistente que derriba muros del &#8220;cuarto cerrado&#8221;, el consejero imprescindible de todo buen detective. Toda la novela se me antoja que sigue la trayectoria de estos detectives de segunda. Tal es así, que la voz narrativa es la de un adlátere que deviene en el mejor de los detectives. El descubridor final, Sigmundo Salvatrio.</p>
<p>Con ese arte de mezclar ficción, enigma, intriga, ideas, historia, nos adentramos en mil novelas en una. Hablaba antes de los cambios profundos que tan bien describe el autor con el final de un siglo y la llegada de otro. La torre Eiffel se convirtió en símbolo de esos cambios, no sin un mar de polémicas, también ella es protagonista. Pablo De Santis mueve su crónica desde el desmoronamiento de la visión única, a la hoja en blanco que el investigador (y el escritor?) debe escribir.</p>
<p>Producto bien fabricado, premio bien merecido.</p>
<h5><strong>Por:  Blanca Vázquez, Especial para Libro a Libro<br />
Blog de la autora: <a href="http://elgusanillo.blogspot.com">El gusanillo de los libros</a></strong></h5>
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		<title>Travels in the Scriptorium, Paul Auster</title>
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		<pubDate>Mon, 01 Jun 2009 17:13:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Libro a Libro</dc:creator>
				<category><![CDATA[Reseñas]]></category>
		<category><![CDATA[Paul Auster]]></category>

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		<description><![CDATA[Quizá sea la última obra de Paul Auster, Travels in the scriptorium donde se refleja ese famoso territorio metafísico literario que siempre ha caracterizadoa este autor. Érase un Auster a una metaliteratura pegado: ficción dentro de la ficción, literatura que hace nido en la literatura, escritores como protagonistas, orgía literaria dentro del prisma de la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Quizá sea la última obra de Paul Auster, <strong>Travels in the scriptorium</strong> donde se refleja ese famoso territorio metafísico literario que siempre ha caracterizadoa este autor. Érase un Auster a una metaliteratura pegado: ficción dentro de la ficción, literatura que hace nido en la literatura, escritores como protagonistas, orgía literaria dentro del prisma de la ficción.<br />
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<p>Tiene un encantamiento especial este autor para jugar con nuestra mente y colocarnos ahí una historia para que la habitemos, para que no solo vigilemos a los personajes y disfrutemos del paisaje desde fuera, sino que el lector participe en el juego, se implique, se moje. Como si cruzáramos un laberinto o resolviéramos un crucigrama, nos convertimos en exploradores de la mente de un Auster que no deja de sorprendernos. Y él, desde el otro lado de la barrera se desliza por nuestra conciencia, nos revuelve los sesos, para dejarnos, cada noche al cerrar el libro, aún más desconcertados. Y es que este autor neoyorkino coloca las piezas simulando un puzzle y que cada uno se las apañe para componer la historia, donde el final categórico no existe, y dentro de las pautas que ofrece Auster, siempre hay lugar para nuestro particular The end, nunca fácil en todo caso.</p>
<p>Viajes&#8230; es una novela laberinto. Una cueva claustrofóbica. La acción se desarrolla exclusivamente dentro de una habitación que semeja una celda, donde solo hay una puerta, una ventana, una cama, una mesa y una silla. En este escenario un hombre mayor, Mr. Blank, se despierta cada día sin memoria de hechos pasado, sin conocimiento de quién es. Sin saber si está encerrado en la habitación o por el contrario es libre de irse. Los pocos objetos que la componen están marcados con etiquetas de una sola palabra que describen el objeto, y poco más aparte de varias fotos en blanco y negro están esparcidas en la mesa junto a una pila de folios manuscritos. De repente aparece una mujer llamada Anna, y habla de píldoras y tratamiento, pero también de amor y promesas.<br />
Seguimos la desorientación de Mr. Blank, paso a paso y detalle a detalle, como si estuviéramos detrás de esas cámaras y micrófonos ocultos en la estancia. Somos el gran hermano que observa a este hombre de memoria perdida durante un día completo. Le seguimos en la lectura de un manuscrito que saca a escena otra historia dentro de ésta, la de un prisionero que transcurre en un mundo alternativo de los que nos tiene acostumbrados Auster. Y es a través de ese viaje por el manuscrito que el autor saca su espada políticamente afilada, desenredando las tácticas manipulatorias de las que se sirve el hombre para crear las guerras que le convienen.</p>
<p>Texto misterioso, identidades líquidas, pasados secretos, desfile de viejos personajes bien conocidos por los lectores de Paul Auster: Quinn (pez que se muerde la cola, pues ya el autor le disfrazó de un detective llamado Paul Auster en “Ciudad de cristal”), Anna Blume, David Zimmer, Fanshawe, Samuel Farr, John Trause, Marco Fogg&#8230;¿Personajes de obras anteriores paseándose por ésta? os preguntareis; llegados a la clave os voy a dejar con la miel en los labios. El camino es prometedor.</p>
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<h5><strong>Por: Blanca Vázquez, especial para Libro a Libro</strong><br />
<strong>Blog de la autora: <a href="http://elgusanillo.blogspot.com">El gusanillo de los libros</a></strong></h5>
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